
Le preguntas cómo ha ido el día y responde «bien». Quieres saber más, haces otra pregunta y contesta «nada». A veces llega cansado o necesita un rato antes de hablar. Si esto ocurre con frecuencia, puedes cambiar el momento y la forma de acercarte para que le resulte más fácil contarte lo que le pasa.
Elige un momento en el que haya menos presión
Una charla puede surgir durante un paseo, mientras preparáis algo de comer o al volver de un recado. Observa cuándo suele estar más disponible. Si acaba de llegar del instituto o está en mitad de algo, prueba más tarde. Puedes decirle que te gustaría saber cómo está y dejar que elija si prefiere hablar ahora o en otro momento.
Empieza con algo concreto y escucha la respuesta
En vez de encadenar preguntas, comparte una observación sencilla. Por ejemplo, «Hoy te he visto más callado al llegar. ¿Te apetece contarme algo?». Si te cuenta un problema, deja que termine antes de ofrecer soluciones. Puedes preguntar «¿Quieres que te escuche o prefieres que pensemos juntos qué hacer?». A veces lo más útil es escuchar cómo vivió la situación antes de dar tu opinión.
Qué decir si hoy no quiere hablar
Puedes probar con «De acuerdo, si luego te apetece hablar, estaré por aquí». Si el desacuerdo ya ha subido de tono, haz una pausa y concreta cuándo podéis retomarlo. Cuando volváis a hablar, pregunta qué parte de la situación le resultó más difícil. Si has interrumpido o alzado la voz, reconocerlo ayuda a retomar la conversación desde un lugar más tranquilo.
Cuándo valorar una consulta psicológica
Si observas cambios que se mantienen y afectan a su descanso, al instituto, a sus relaciones o a la convivencia, puede ser útil valorar apoyo. La primera visita permite escuchar al adolescente y recoger la perspectiva familiar cuando corresponde. Acordamos objetivos y explicamos desde el inicio cómo se maneja la confidencialidad. La consulta está en Alcobendas.